Mi vida errante

cha cháaaan

viernes, febrero 10, 2006

Reflexión

Ayer una amiga me dijo que había muerto una amiga suya. Me impresioné, cuando uno se entera de algo así, no deja de pensar en la muerte.

Un día hace ya algún noté que no le temo a la muerte, que lo único que me preocupa de ella es lo que podría preocupar a quienes me quieren o les preocupo. Si me voy a morir no está en mí. Uno no sabe cuándo o cómo morirá. Lo único que me gustaría es que mi muerte no fuera dolorosa, y que para los que se preocupan por mí no fuere un pesar. Siempre está uno en peligro de muerte sin necesariamente saberlo. Podría ir en un vehículo a 400 kilómetros por hora y que no me pasara nada y que un día sentado dentro de la escuela se derrumbara el edificio sólo porque sí y morirme. Es ahí donde todas las ideas sobre azar son un poco descartadas, y uno piensa en el destino, Dios y todas esas cosas que proponen que nuestras vidas están preescritas.

Hay quien dice que si uno va en exceso de velocidad uno busca su muerte. Yo pienso diferente, si es mi momento, me moriré aunque esté sentado en mi casa.

Insisto en que lo único que me preocupa, o incluso me da miedo en mi muerte, es el daño o pesar que pudiera causar a las personas que me aprecian (no lo digo por egolatría, sino porque probablemente a alguien le duela más o menos que a otros y porque se sabe luego de gente a quien se le muere un ser querido y se ve triste o cambia su vida). En cualquier momento puede ser el momento de morir. Uno no lo sabe, pero si lo es, lo es y ya.

Ojalá estén mejor los que apreciaban a esa chica.